CETI
Melilla, Diciembre de 2021. Llego andando a un parque público cerca del Paseo Marítimo. Trago a pequeños sorbos un café con leche demasiado caliente que he pedido en una cafetería cerca de mi casa. María, Isa y Samu ya están allí, en pie al lado del coche. Somos todos voluntarios de una asociación que brinda apoyo a personas migrantes en situación de calle. Isa se enciende un cigarro mientras que María llama a Youssef, uno de los chicos a los que estamos esperando. ‘Ya están de camino’, nos dice. Unos minutos después vemos llegar a Youssef junto a otros tres chicos, todos marroquíes y recién llegados a la ciudad. Los había conocido unos días antes, en una de las actividades organizadas por la asociación. Me han contado que llegaron a Melilla nadando desde Beni Ensar. Omar, uno de los compañeros de Youssef, me explicó que estuvo ocho horas en el agua, de noche, buscando pasar desapercibido por las patrullas de la policía marroquí que vigilaban tanto el recinto del puerto de Beni Ensar como las aguas alrededor del Dique Sur de Melilla. Fatah, otro chico que no está allí aquel día, me había enseñado las marcas de los mordiscos de los perros que las Fuerzas Auxiliares marroquíes utilizan para patrullar el puerto.
Youssef, Omar y los demás habían solicitado asilo hace unos días. La Policía Nacional de Melilla los citó dentro de unas semanas para entrevistarles y así formalizar su petición de protección internacional. En este momento están durmiendo en la calle, igual que la otra treintena de personas migrantes de nacionalidad marroquí que cada noche acuden al reparto de comida al que contribuye la asociación. Las casetas dentro de las que duermen apenas los protegen de la humedad de la noche, de los ruidos de la calle, ni de las ratas en busca de restos de comida. Isa nos llama al orden, y dando dos vueltas con el coche nos lleva a todos hacia la frontera. Hace una broma sobre el hecho de que la carretera de la frontera es el único punto de esta pequeña ciudad de 12 km² donde puede meter la quinta marcha y conducir a 50 km/h. Aparcamos en un lote de tierra vacía delante del CETI, el Centro de Acogida Temporal para Inmigrantes.

Hay muchos centros de acogida humanitaria en España, pero hay solamente dos CETIs en todo el estado: uno en Ceuta y otro en Melilla. En Melilla, el CETI es un complejo de edificios que dan a un gran patio interior, rodeados por muros de cemento. Fue inaugurado en 1999 en el límite de la ciudad, para reemplazar los módulos y las carpas que la Cruz Roja había habilitado a lo largo de los años en el Parque Forestal para alojar a las personas migrantes y solicitantes de asilo que llegaban a la ciudad. Para entrar y salir del CETI, los residentes tienen que pasar una tarjeta que desbloquea los tornos. Los visitantes tienen que comunicar su nombre y razón de la visita a los vigilantes de seguridad que controlan el paso. No es muy fácil pasar por casualidad por el CETI. No hay nada en esta zona de la ciudad. Los únicos dos lugares que se pueden alcanzar fácilmente andando son el campo de golf, convertido en un símbolo de la desigualdad en la frontera por una foto publicada por el activista José Palazón, y el cementerio musulmán. La primera vez que visé Melilla, en 2019, me fijé en que este cementerio es especular a otro, situado justo al otro lado de la frontera, en Farkhana. ‘Qué curioso que los dos cementerios hayan sido construidos uno frente al otro’, comenté al señor que mantenía el lugar. ‘Bueno, no es que sea curioso, es que antes de que existiera la valla la gente cruzaba e iba a Marruecos a enterrar a sus muertos’, me explicó. ‘Pero cuando construyeron la valla esto ya no se podía hacer, y entonces tuvieron que construir otro cementerio aquí’. Las fronteras europeas, pensadas para separar a los vivos, en realidad terminaron por separar incluso a los muertos.

Durante sus más de veinte años de existencia, el CETI de Melilla ha aparecido varias veces en la prensa por sus problemas de sobresaturación. El CETI tiene una capacidad de 782 personas, pero a lo largo de los años ha llegado a alojar hasta a 2000 residentes. La sobresaturación se debe a los retrasos en los traslados de los residentes del CETI a otras estructuras de acogida humanitaria en la península. Los traslados son organizados por el Ministerio de Inclusión, según criterios que no resultan claros ni a las organizaciones de apoyo a las personas migrantes, ni a los mismos residentes del CETI. Los retrasos en los traslados, junto con la sobresaturación, provocaban una frustración que los residentes expresaban regularmente a través de motines, huelgas de hambre y manifestaciones. Pero a finales de 2021, el CETI estaba casi completamente vacío. El cierre de la frontera con Marruecos en marzo de 2020 por la pandemia, y la represión operada por los militares marroquíes en los bosques que rodeaban Melilla, habían provocado una disminución drástica de la llegada de personas migrantes a la ciudad, y en consecuencia, de los residentes del CETI. Sin embargo, Youssef y los demás chicos seguían en la calle. Esta situación se debía a la negativa del CETI a admitir el acceso a personas de nacionalidad marroquí. Era una regla no escrita que parecía haber entrado en vigor hace poco, ya que hasta unos meses antes el CETI sí admitía a marroquíes, incluso si no habían solicitado asilo. A finales de 2021, el CETI acogía a menos de 300 personas, pero había más de 30 durmiendo en la calle en Melilla.

Aquella mañana de diciembre de 2021, nos presentamos delante del CETI para acompañar a los chicos en su petición de acceso al centro. Llegados al aparcamiento, María se acercó al vigilante de seguridad que controlaba el torno de acceso y comunicó que un grupo de personas quería solicitar el acceso al centro. Unos instantes después, llegaron dos empleadas que, tras preguntar algunas informaciones a los chicos, nos explicaron que los marroquíes solo podían ingresar al CETI una vez que su solicitud de asilo hubiera sido admitida a trámite. Una solicitud de protección internacional se consideraba admitida a trámite por silencio administrativo un mes y un día después de la entrevista de asilo. Esto significaba que, con el CETI casi completamente vacío, los chicos tenían que seguir durmiendo en la calle casi dos meses más antes de poder pedir la entrada al centro. Preguntamos por qué personas de otras nacionalidades podían entrar al CETI inmediatamente después de haber llegado a Melilla, sin necesidad de esperar la admisión a trámite de su solicitud de asilo. Una de las dos empleadas del CETI insistió en que esa era la instrucción dada por el Ministerio de Inclusión. Añadió que sin un documento expedido por la Policía Nacional que señalara la fecha de entrada a España era imposible saber si un ciudadano de nacionalidad marroquí candidato a entrar al CETI era un recién llegado o una persona de ‘aquí de toda la vida’, y en el segundo caso, no tenía derecho a entrar al CETI. Levanté mi ceja. Melilla era conocida por las dificultades que la administración pública ponía a las personas de nacionalidad marroquí para demostrar que vivían en la ciudad. Esto producía situaciones paradójicas donde personas marroquíes que se habían criado, o hasta nacido en Melilla (‘marroquíes de aquí de toda la vida’), seguían en situación irregular por no poder tener acceso a documentación básica como el padrón. Pero en el caso de Youssef o Mohcine, no había manera de demostrar que no eran de allí, que acababan de llegar. En la frontera, ciertas personas no pueden probar ni que pertenecen a un lugar ni lo contrario.
Nos hicimos atrás para traducir a Youssef, Mohcine y a los demás, pensar en las opciones y preguntarles qué querían hacer. Los chicos se conformaron con la idea de interponer una queja al Defensor del Pueblo, pero también dejaron claro que no tenía sentido intentar entrar al CETI después de la admisión a trámite de la petición de asilo. En aquel momento, ya podían marcharse a la península. ¿Qué sentido tenía quedarse más tiempo en Melilla?
Interpusimos la queja. En junio de 2022, el Defensor del Pueblo publicó una resolución en la que recordaba a la administración pública su deber legal de permitir ‘con carácter general, el acceso al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla a los ciudadanos marroquíes que no tengan admitida a trámite su solicitud’. No fue hasta septiembre de 2023, cuando un grupo de solicitantes de asilo latinoamericanos expresó su frustración acampando delante del CETI para protestar por el rechazo de su petición de acceso, que los responsables del complejo flexibilizaron su actitud y empezaron a admitir a todos los solicitantes de asilo al CETI, cualquiera que fuera su nacionalidad y sin necesidad de esperar la admisión a trámite.
Escribí a una amiga en Melilla para comentar lo enorme que me parecía este cambio. Ella me contestó con un entusiasmo matizado. Claro, el cambio era muy significativo, pero se había comunicado de forma verbal. Como siempre, no había confirmación escrita en la que ampararse. La asociación con la que había colaborado en Melilla publicó un informe al respecto. Lo titulaba: ‘Ayer no, hoy sí, ¿y mañana?’.